Don Freddy murió por pisar una mina explosiva en Michoacán; lo despiden entre dolor y música

Freddy Carranza murió en Tierra Caliente, Michoacán, por una mina terrestre en un camino de uso común; el jornalero limonero fue despedido con tristeza y sed de justicia

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En la región de Tierra Caliente, Michoacán, un hombre de 62 años llamado Freddy Carranza González, murió el pasado miércoles por la mañana, cuando pisó una mina terrestre colocada en un camino de uso común. La víctima, un jornalero que vivía en esta zona golpeada por el crimen organizado, se convirtió en un fallecido más de una serie de hechos similares que han ocurrido en la región, donde los caminos son cada vez más inseguros debido a la presencia de artefactos explosivos.

Los caminos de dicha área, usados a diario por jornaleros, maestros, médicos y comerciantes, se han convertido en trampas mortales debido a la presencia de estos artefactos explosivos. Este trágico hecho es solo el más reciente en una larga lista de víctimas causadas por el crimen organizado, que ha logrado colocar las minas en áreas transitadas sin que las autoridades tomen medidas efectivas para garantizar la seguridad de los habitantes.

El velorio de Freddy Carranza fue un acto de dolor y resistencia. Sus amigos y familiares lo despidieron con la canción que más le gustaba, mientras una porra resonaba en su sepelio, recordando su vitalidad y su incansable labor. Lo llamaban “Don Freddy”, un hombre que mantenía un espíritu joven y la fortaleza de un trabajador incansable.

No es el primer caso por minas terrestres en Michoacán

Sin embargo, la muerte de Freddy Carranza no es un hecho aislado. Desde el inicio del actual gobierno de Alfredo Ramírez Bedolla, al menos 15 personas han muerto en Michoacán debido a explosivos colocados en caminos de la región. Entre las víctimas, también se encuentra Pablo, un menor de 15 años, quien perdió la vida junto a su abuelo mientras se dirigían a trabajar. La respuesta de la Fiscalía estatal, que insinuó que Pablo y su abuelo habían muerto al manipular el artefacto explosivo, provocó indignación, especialmente en la madre de Pablo, quien defendió el honor de su hijo con valentía:

“No fueron buenos para preguntar a qué se dedicaba mi hijo, nada. Lo único que hicieron fue atacarlo. Pero estoy aquí para defenderlo, y lo haré siempre, esté o no esté conmigo.”

Mientras tanto, en Tierra Caliente, la impotencia y el dolor se multiplican. Las autoridades siguen sin garantizar la seguridad ni ofrecer justicia, lo que aumenta la sensación de abandono en una región donde la violencia parece no cesar. La indiferencia oficial ante estos hechos ha dejado a la población sumida en el sufrimiento, mientras el poder permanece en silencio frente a una tierra herida.

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